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La increíble épica

jueves, 6 de diciembre de 2012

CRIME D'AMOUR



FRANCIA, 2010

TÍTULO ORIGINAL: Crime D'Amour
DIRECTOR: Alain Corneau
PRODUCTOR: Saïd Ben Saïd, Alexander Emmert
GUION: Alain Corneau, Natalie Carter
REPARTO: Ludivine Sagnier, Kristin Scott Thomas
DURACIÓN: 106 minutos

VALORACIÓN: 7.5/10

¿SE PUEDE MATAR POR AMOR?




Los franceses tienen fama de refinados y eso lo demuestran hasta en su cine. Si este thriller hubiera sido producto de Hollywood no habría tenido nada que ver y seguramente ni por asomo tendría tal grado de exquisitez, aunque eso lo comprobaremos pronto, pues ya está a puntito de salir el remake llevado a cabo por Brian De Palma.

Una argumento sencillo (una relación escabrosa entre jefa y subordinada) pero elaborado atando muy bien todos los cabos, desarrollado sin prisas, con mucha calma para que no perdamos detalle, pues todo hasta la más mínima acción tendrá su repercusión. Quizás este ritmo pausado lleve a más de uno a la desesperación, sobre todo en su primera mitad, pero la paciencia es recompensada gratamente.


Es difícil contar más sin hacer spoilers, de hecho lo mejor que se puede hacer es verla sin esperar nada ni bueno ni malo, dejarse llevar por las imágenes y la música muy de cine policiaco o de investigaciones.

Las actrices protagonistas son magnificas al igual que el resto del elenco. Ludivine Sagnier esta espectacular, fría y manipuladora como el papel lo requiere, capaz de conseguir que el espectador la odie casi solo con verla, al contrario que Kristin Scott Tomas, con la que uno es capaz de identificarse, ponerse en sus zapatos, pero tan bien lo hace que al final logra dejarte con la boca abierta por la evolución de su personaje, no diré más para no estropearla.

Crimen, venganza, amor… todo tiene cabida en esta cinta que de seguro gustará a los amantes del género policiaco y los thrillers más cuidadosos, esos alejados de las persecuciones y grandes conspiraciones americanas.
 

lunes, 3 de diciembre de 2012

The Pit




















El argumento trata de un niño autista  que sufre las burlas de muchos, la incomprensión de otros y el rechazo de la mayoría.

Suele hablar con su peluche, Teddy, mostrándonos su soledad y aislamiento, hasta que un búen día cuando va por el bosque el chico encuentra un agujero, lleno de... ¡Monstruos!

Estos pequeños monstruos humanoides son particularmente voraces, y parecen diminutos trolls, o tal vez son alguna clase desconocida de infrahumanos o algo así. Da la impresión de que por ese agujero se puede acceder a una red de cuevas, que tal vez conduzcan a un desconocido habitat subterraneo de donde proceden esas criaturas.

El niño, acostumbrado a cuidar de sus mascotas que tiene en un tanque de cristal en su habitación, decide hacer lo mismo con esos seres.

Comienza dándoles chocolatinas, cosas así, hasta que ya pasa a los bistecks, la carne cruda y termina cogiendo dinero a su familia para comprar en la carnicería grandes paquetes de entrecots, que lanza al agujero. Pero nada parece saciar el hambre de esos monstruitos...

El niño desesperado opta por intentar robar a los carniceros grandes patas de reses muertas, pero escapa con las manos vacía cuando es descubierto en sus fechorías.

El niño, preocupado, ingenia una solución: conducir a las personas que odia hasta el agujero, para lanzarlas dentro. Esa ingeniosa solución tiene doble efecto. Por un lado da de comer a los monstruitos cabrones, y por otro se quita de enmedio a todas las personas que le amargan la vida.

Y así continua el film... Un sin fin de víctimas son arrojadas vivas al hoyo, en donde son devoradas sin piedad por los monstruos carnívoros.

La cosa se escapa de madre, cuando mediante un error del niño, hace que los monstruos consigan escapar del agujero, y por el exterior comiencen a matar a todo el mundo que se encuentren, poniendo en estado de alerta a la policía y los vecinos de la zona.

La película es modesta, bastante sencilla, pero mezcla la fascinante historia del autista, con mucho humor negro y comedia involuntaria a medias.

Es una pequeña joyita de la serie B que merece la pena ser descubierta y visionada al menos una vez en la vida.











domingo, 2 de diciembre de 2012

La Tutora



Sí hacemos un poco de historia, podemos afirmar que el señor Friedkin, alcanzó la gloria en la década de los setenta con un portentoso policíaco titulado The French Connection, con la que consiguió la estatuilla al mejor director, una (por no decir, la) obra cumbre del género de terror como es El Exorcista (que le valió otra nominación a los premios Oscar) y un remake complejo y maldito de la obra El Salario del Miedo de Clouzot, titulada Carga Maldita (Sorcerer). La década siguiente sería un querer y no poder con más sombras que luces, aunque con un par de títulos buenos e interesantes, cómo fueron, A la Caza (Cruising) y Vivir y Morir en los Ángeles (To Live and Die in L.A.), aunque sin alcanzar ni mucho menos cotas pasadas, e inició una lamentable década de los noventa con el film que nos ocupa y que era el regreso (esperado, todo hay que decirlo, por una parte importante del público) al género fantástico y de terror que tantas alegría y dividendos le había reportado. (El motivo de este breve repaso, innecesario pensará alguno, es recordar que este tipo sabe lo que es contar historias y hacerlo con nervio y contundencia, y por lo tanto es algo que debemos exigirle).

La Tutora (The Guardian), debía ser la adaptación cinematográfica de la novela The Nanny de Dan Greenburg, famoso autor de relatos para niños estadounidense, y que versaba (mejor dicho, versa) sobre una niñera que es un vampiro y se alimenta de los niños que cuida. La cinta iba a ser dirigida en un principio por Sam Raimi, autor que se encontraba en un buen momento después de cosechar dentro del fantástico y terror dos rotundos éxitos, como Posesión Infernal (Evil Dead) y el posterior pseudo-remake Terrorificamente Muertos (Evil Dead II), pero al tener que elegir para la productora Universal entre filmar este trabajo o Darkman, se decantó, como todos sabéis, por esta última. El guión escrito por el propio Dan Greenburg y Stephen Volk, quedó huérfano hasta que llegó en forma de encargo a las manos de Friedkin. Este no estaba contento con el tratamiento dado a la historia y junto a Stephen Volk, reescribieron gran parte del guión, hasta el punto que Volk abandonó (ya que no reconocía el manuscrito original) y fue el propio Friedkin quien finalizó la escritura del mismo. “La Niñera” había mutado hasta el punto que apenas guardaba relación alguna con el guión original, y mucho menos con la novela. La niñera había dejado de ser una vampiresa para convertirse en...


¿Qué cuenta entonces La Tutora (por cierto, enésima mala traducción del título original)? ¿De qué trata la película? La sinopsis puede resumirse en que es la historia de una druida (sí, empezamos el festival de los despropósitos) que se hace pasar por niñera, para poder acceder a jóvenes recién nacidos que al cumplir las cuatro semanas de edad sacrifica en honor a (o vaya usted a saber qué, pues no se aclara en la película) los espíritus malignos que habitan en un gran árbol en las afueras de una zona residencial de Santa Mónica (California), los cuales toman la sangre de los bebes, y en su camino se cruza una joven pareja que se acaba de mudar de Chicago y tienen un neonato (¿Qué os parece el cóctel de agua, aceite y vinagre? A priori difícil de digerir, ¿verdad?).

A un guión de frenopático, se integra un equipo técnico y artístico de completos desconocidos, que no llegaron a labrarse una carrera muy brillante (siendo, tal vez, Miguel Ferrer el actor que más proyección a conseguido de cuantos aparecen en el film), una producción de serie B autoconsciente que por momentos se transforma en telefilm y comandado, todo ello, por un director que no es ni la sombra de lo que había sido y que claramente puso el piloto automático y se dejó llevar. El ejemplo más claro es lo poco cuidadoso de la planificación de las escenas, planos desde ángulos extraños, la nula o escasa tensión que se transmite por una inexistente, o inadecuada, utilización de la fotografía y el montaje para generar mal rollo y una banda sonora anodina que no aporta absolutamente nada y que no enfatiza los supuestos momentos álgidos (por no hablar de los continuos fallos de raccord). ¿Por qué la iluminación nocturna en el bosque parece sacada de un mal video-clip de la época? En definitiva, con todos estos mimbres, el conjunto se salda con una decepción enorme, indigna de quien nos aterrorizó (¡y de qué forma!) en 1973 con un exorcismo antológico, que creó escuela (y es estudiado y analizado en más de una).

En la parte interpretativa sólo la enigmática y morbosa Jenny Seagrove, que da vida a Camilla, la niñera-druida merece ser destacada y en el apartado técnico alguna escena violenta con algún ligero toque gore (desmembramiento). Tal vez por ello, Friedkin, intenta aprovechar la presencia inquietante de Seagrove para dotar al film de un cierto aire de sensualidad perversa que lamentablemente queda en unos semidesnudos sin mucho sentido y alarga las escenas violentas donde, o bien el “árbol maligno” o los coyotes (que se ve que son lobos, pero en la versión original se menciona que son coyotes), que acompañan a la malvada niñera en sus escapadas nocturnas, acometen embestidas contra aquellos que intentan impedir que lleven a cabo sus terroríficos planes.

Lo verdaderamente lamentable es que bajo tal cantidad de despropósitos e incoherencias (ver más abajo en la zona spoilers), en la idea primigenia se escondía una historia con grandes posibilidades (ahora es cuando más de uno esbozará una sonrisa socarrona), que básicamente se trunca en sus cimientos, es decir, en el guión. Como casi siempre, todo hay que decirlo.

Un par de años más tarde, en el año 1992, Curtis Hanson realizó una película sobre una niñera que se instala en la casa de un matrimonio para cuidar del hijo recién nacido y acaba resultando una psicópata vengativa, que pese a no contar con elementos fantásticos, era más aterradora, generaba más tensión y era mejor película que la que nos ocupa. Aquella película llevaba por título La Mano que Mece la Cuna (The Hand that Rocks the Cradle) y fue uno de los títulos taquilleros de aquel año. Algún guionista ligeramente avispado o simplemente sobrio vio que La Tutora podía reescribirse y convertirse en una película atractiva. La guionista que dio con la tecla adecuada fue Amanda Silver (o al menos una mucho más acertada).

Así que si no tenéis 11 años o similar (La primera vez que la vi tenía 14 años y debo reconocer que un par de escenas me llamaron la atención. Lástima que ahora no tenga esa edad), si consideráis El Exorcista una referencia indiscutible del terror y del cine en general y si tenéis cosas mejor que hacer un domingo por la noche (fregar los platos, estudiar, planchar la ropa del día siguiente, jugar al mus, clavar agujas a un/a muñeco/a en forma de ex pareja, etc.) que ver esta película en la programación de vuestro televisor, no perdáis el tiempo. Al menos es de agradecer que sólo dure 88 minutos, los cuales se pasan relativamente rápido entre una nada excitante secuencia inicial de presentación de la niñera maligna, un nudo anodino y un desenlace grotesco.

Si a pesar de lo mencionado os pica la curiosidad, al menos, tened la precaución de verla en versión original, pues el doblaje en castellano sí es verdaderamente terrorífico.

Zona spoilers:

¿Qué clase de padres contratan a una niñera para que se instale con ellos y cuide de su recién nacido y no comprueban las referencias de la solicitante del puesto? Evidentemente los de esta película.

¿Por qué si la druida-bruja-niñera tiene poderes para hacer desaparecer rastros de sangre y cadáveres (literal, desaparecen en cuanto pasa la mano por encima de ellos), no borra los mensajes del contestador? Pero es que aunque no tuviera dichos poderes, ¿por qué no los borra si sabe que dichos mensajes la incriminan?

¿Por qué el vecino arquitecto, cuando descubre que la niñera no es “normal”, llama a la familia y deja un mensaje a medias en el contestador? ¿Tanto cuesta terminar una frase?

¿Por qué se introduce una secuencia onírica innecesaria? ¿Tal vez para alargar la duración de lo debió ser un mediometraje?

¿Por qué la malvada niñera-druida para huir de los perseguidores corre y para perseguir a sus víctimas vuela?

En la escena en el hospital donde el bebe enfermo recobra las constantes vitales y el padre va a avisar al doctor de lo ocurrido, ¿Por qué la madre no ofrece ningún tipo de resistencia al intento de secuestro por parte de la niñera? ¿Y por qué cuando llega el padre (sólo) de nuevo a la habitación y desbarata la acción de secuestro, huyen con el bebe como locos?

¿Por qué ese final con un montaje en paralelo de la niñera-druida desnuda y con maquillaje en forma de corteza de arbusto que intenta secuestrar al niño y del padre armado con una moto-sierra, cual Ash de saldo, intentando cortar el árbol, me resulta totalmente ridícula?

Demasiados por qué sin respuesta e incoherencias para que pueda valorar positivamente esta película, pero tal vez lo que más resuena en mi cabeza es ¿Por qué hizo esta película señor Friedkin?


viernes, 30 de noviembre de 2012

Independence Day


independence
Independence Day – 1996

Director: 

 Roland Emerich

Escritor: 

 Dean Devlin y Roland Emerich

Actores: 

 Will Smith, Bill Pullman y Jeff Goldblum
Calificación: 6/10

Argumento




Un objeto gigantesco de 550 km de diámetro y con la masa de un cuarto de la Luna, vaya que es grande, se aproxima a la Tierra, y pronto se revela como una nave extraterrestre, de la cual se desprenden varios platillos que se ubican estratégicamente sobre las principales ciudades del mundo. El presidente de la nación es puesto sobre aviso y se preparan cautelosas medidas de defensa hasta averiguar las intenciones de los visitantes. Pero el analista informático David Levinson ha decodificado una señal que proviene de las naves y llega a la conclusión de que se trata de una cuenta regresiva para el inicio de un ataque masivo. Y mientras todos los intentos de contraataque fallan miserablemente, todo parece indicar que la invasión alienígena arrasará con la humanidad en menos de 36 horas. La única esperanza parece residir en el secreto centro de investigación del Área 51, donde los americanos poseen una nave alienígena estrellada hace cuarenta años, la película causo bastante espectativa cuando llegó al cine y se le hizo una enorme campaña publicitaria, dire que la película me pareció regular, y creo que con semejante presupuesto pudieron hacer algo mas interesante, sin embargo tiene momentos bien logrados.
No se sabe cuantas civilizaciones extraterrestres pueden existir en este universo, si es que existe alguna y si es que se les puede llamar extraterrestres ya que esa palabra es un punto de vista humano, pero sea este número el que sea, lo que si es cierto es que estarán lejos, muy lejos. El hecho de que hayamos podido pisar la Luna y hayamos mandado sondas a todos los planetas del Sistema Solar, excepto a uno, no debe llevarnos al error de pensar que del mismo modo que nosotros vamos allí, los de allí podrían venir aquí. Las distancias implicadas en el Sistema Solar, (como mucho algún millar de millón de kilómetros), son totalmente despreciables frente a las implicadas a escala estelar. En astronomía la unidad de uso común es el año-luz, (o el parsec que son 3.26 años-luz). Un año-luz es la distancia que la luz recorre en un año, casi 10 billones de kilómetros !!!, y lo habitual es que se manejen sus múltiplos, centenares, miles, millones o miles de millones !!!. ¿Si las civilizaciones extraterrestres están tan lejos, (incluso las estrellas más cercanas están muy lejos), como se las arreglan para venir hasta aquí?. Uno podría pensar que es una cuestión de correr más deprisa, sin embargo aquí aparece el segundo problema.

Fotos





jueves, 29 de noviembre de 2012

Crítica: Batman

Un par de delincuentes de poca monta se esconden en una azotea después de golpear y robar a una pareja en presencia de su hijo pequeño en complicidad con la oscuridad de la noche, entre callejuelas humeantes repletas de mendigos. Uno de ellos habla de un misterioso murciélago que sobrevuela la ciudad en busca de criminales. Un caballero enmascarado hace una aparición teatral extendiendo las alas de su oscura capa. Los reduce con facilidad y le exige a uno de ellos que comente a sus compañeros del hampa la existencia del justiciero. El maleante le pregunta asustado: “Pero ¿quién eres?” Y el caballero oscuro le responde: “Soy Batman”.

Diez largos años fueron los que se tardó en conseguir relanzar en la gran pantalla la figura del Hombre Murciélago, creado por el dibujante Bob Kane y debutando con guión de Bill Finger en el número 27 de Detective Comics en mayo de 1939, ideado para engrosar la lista de la factura DC de nuevos superhéroes. En el cine primero llegó “Batman” (Lambert Hillyer, 1943), acompañado de Robin, conservando algo su aroma pulp y con cierto aire propagandístico debido a su producción en plena Segunda Guerra Mundial: Batman es un agente del gobierno y el villano un japonés, el Dr. Daka. Al éxito de ésta se le unió la tardía secuela llamada “Batman y Robin” (Spencer Gordon Bennett, 1949). Ambos films claramente de serie B. Después vendría la adaptación televisiva de la cadena CBS con Adam West como Batman y Burt Ward como Robin con un ángulo humorístico y pop. Las peleas descacharrantes y adornadas con las famosas onomatopeyas de acción llegaron a inspirar a los propios cómics que adaptaron ese tono camp. Sin embargo, los esquemas y las bromas empezaron a hacerse repetitivas en su segunda temporada y en la tercera acabó siendo cancelada después de 120 capítulos. Por último vendría, inspirado en la serie, el largometraje “Batman” (Leslie H. Martinson, 1966).

La vuelta a sus orígenes oscuros, siniestros y serios llegó de la mano de la Warner Bros en la década de los ochenta. La productora contrató a Tim Burton como director al que impusieron algunos actores, que aceptó gustosamente (el Joker para Jack Nicholson por consejo de Bob Kane y la reportera Vicki Vale para Kim Basinger), mientras que el propio realizador de “Bitelchus” quería a su amigo Michael Keaton (de nombre real Michael Douglas), un actor semidesconocido que otorgaría más misterio al personaje como sucedió en “Superman: La película” con Christopher Reeve.
El nuevo Batman era espectáculo, toda una superproducción, pero se movía entre cine de autor y cine de consumo. No hace falta decir que arrasó en taquilla y sería frívolo hablar de cifras astronómica de dinero que la mayoría no ganaremos en nuestra vida. Lo que importa es la herencia que dejó. Al igual que “Superman: La película”, el film de Tim Burton dio al personaje de Batman la historia y la popularidad que se merecía, y demostró que se puede compaginar creatividad con comercio. “Superman”, por su parte, demostró además que en una película de superhéroes tienen cabida las grandes estrellas como Marlon Brandon. Ese legado lo toma “Batman” con la incorporación de un actor de gran renombre como Jack Nicholson en el papel del Joker. Precisamente, buscando la mejor manera de hacer al caballero oscuro atractivo comercialmente, el equipo de producción decidió tomar como referencia “Superman: La película”. Para ello contrataron a Tom Mankiewicz, cuyo guión no convenció a Burton al considerarlo demasiado ligero y lo alteró con la ayuda de su novia de entonces, Julie Hickson. Entre sus aportaciones, Burton convirtió al Joker en el asesino de los padres del superhéroe (“¿Has bailado alguna vez con el diablo a la luz de la Luna?”, dice Jack Napier a un niño Wayne). Pero no fue hasta la intervención de Sam Hamm, cuando se dio forma definitiva a la historia. Más allá de retocar algunos personajes, Hamm ignoró la estructura a lo “Superman: La película” y comenzó la historia con Wayne ya como Batman, explicando su origen en retrospectiva, mediante flashbacks.

El gran acierto de Burton consistió en dar a los personajes un nuevo enfoque: el sarcasmo, el cinismo. El simple hecho de que el villano sea propietario de una fábrica de cosméticos ya nos saca de sitio. Joker es el ejemplo de que los malos son más felices y él es el más simpático de todos con cientos de afirmaciones ocurrentes: se dirige a los habitantes de Gotham como “tu tío el payaso”; “la vida me ha tratado bien” responde cuando unos mafiosos le preguntan por su constante sonrisa; “he de hacer tanto en tan poco tiempo”; “la pluma tiene más poder que la espada”; se considera el mejor artista homicida, convencido de hacer arte cuando mata a alguien; o “debemos ser fuertes para infligir dolor”. También resulta curioso como a Vicki le fascina Wayne por su dinero, a diferencia de Lois Lane que se enamora de Superman y no de Clark Kent ni de su dinero (aunque tampoco podría porqué no tiene).

En cuanto a la acción, sus secuencias son generalmente breves, a veces elípticas, al igual que las apariciones del héroe tomando más protagonismo el antagonista con el que guarda puntos comunes. Tanto Joker como Batman encarnan dos tipos de oscuridad. Mientras el Joker está inspirado en las fantasías negras del ser humano, Batman se inspira en las fantasías contrarias (luchar contra el mal siendo abogado, jurado y único juez, es decir, tomarse la justicia por su mano). El concepto original del Hombre Murciélago fue tomado por Kane de un teatral film de Roland West, “The Bat” (1926), en el que un ladrón se disfrazaba de murciélago. El Joker, por su parte, fue inspirado del protagonista de “El hombre que ríe” (1928), adaptación de una pieza de Víctor Hugo. Y el personaje de Vicki Vale fue creado por Kane después de conocer a Marilyn Monroe cuando se hacía llamar por su nombre real, Norma Jean Baker.

Este Batman de Tim Burton no está sacado directamente del cómic, sino que es la suma de todas las imágenes diseñadas por los diferentes dibujantes y de todas las historias escritas por sus diferentes guionistas a lo largo de los años. Por ejemplo, la indumentaria y colorido del Joker contiene una cierta estética de las historietas de los años cuarenta; los noticiarios televisivos son un guiño a la época de los seriales cinematográficos; o la batcueva está inspirada de los episodios más góticos de Neal Adams. Sin embargo, su influencia más directa y evidente son los cómics “Batman, el señor de la noche” (“The Dark Knight Returns”, 1986, Frank Miller), “Batman año uno” (“Batman Year One”, 1986-87, Frank Miller y David Mazzucchelli) y “La broma asesina” (“The Killing Joke”, 1988, Alan Moore y Brian Bolland).

Danny Elfman fue el encargado de una banda sonora de orquestación rápida y timbrada que crea la atmósfera adecuada. Todo lo contrario que la música original de Prince impuesta por los productores y que Burton la presenta de forma pasajera sin llegar a desentonar.

Otro gran elemento de la película es su grandeza arquitectónica fragmentada. La desnudez de ese infierno urbano que es Gotham City, una ciudad en la que casi nunca es de día, se inspira tanto en la arquitectura estilizada de la época del expresionismo alemán (“Metrópolis” es un ejemplo) como en el futurismo caótico de “Brazil” (Terry Gilliam, 1985). Una ciudad dotada de una esquizofrenia que encaja a la perfección con la locura que empuja a sus protagonistas a enfrentarse entre ellos. La recreación del estilo art deco lo vemos en entradas y fachadas, mientras que el diseño espacioso y petreo lo apreciamos en la batcueva repleta de artefactos de tecnología punta (las entrañas oscuras de la mansión Wayne). Por ello, “Batman” ganó el Oscar en el apartado de mejor dirección artística en 1989.

A parte de los trajes, las armas y los gadgets, Batman cuenta con su batmovil y su batavión. El primero es obra de Furst, Burton y los técnicos John Evans y Terry Ackland-Snow. Mucho más sobrecogedor y sofisticado que el de la serie de televisión, tiene hasta vida propia; el control remoto hace que se autoconduzca o que se proteja con una armadura que cubre cada rincón de la carrocería.


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