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La increíble épica

lunes, 13 de febrero de 2012

The Master of the Fertility of the Egg

Master of the Fertility of the Egg - Opera Nova Curiosa,  1695Opera Nova Curiosa,  1695

Master of the Fertility of the Egg - A Concert Of Animals, Birds and Stylised Figures, Late 17th - Early 18th CenturyA Concert Of Animals, Birds and Stylised Figures, Late 17th - Early 18th Century

Master of the Fertility of the Egg - Grotesque Scene With Animals, Late 17th- early 18th CenturyGrotesque Scene With Animals, Late 17th- early 18th Century


Maestro della Fertilità dell'Uovo or Master of the Fertility of the Egg is the name given to a yet to be identified painter active in the second half of the 17th and early 18th century in Brescia. The name is based on a work entitled La fertilità dell' Uovo (The Fertility of the Egg), which depicts dwarfs, geese and lobsters hatching eggs and is in the collection of the Milwaukee Art Museum.

The art historian Mariolina Olivera was the first to isolate a group of works by this master in her 1990 monograph Faustino Bocchi e l'arte di figurar pigmei. She placed the master in the circle of Faustino Bocchi, an artist active in Brescia around the same time and known for his genre paintings with dwarfs. The master’s oeuvre distinguishes itself from Bocchi’s more dreamlike work through its biting, satirical edge.

The identity of the Master of the Fertility of the Egg has yet to be determined. Some art historians have suggested he was Bernardino Dehò (1675-1717) from Cremona while others have pointed at Angelo Esseradts, known as ‘il Fiammingo’ (the Fleming), whose name was also Italianised as Everardi. Everardi was Bocchi’s teacher and introduced the bizarre and grotesque elements of Flemish art to Brescia.

The works of this master typically depict grotesque figures (usually dwarfs) and animals engaging in various human activities. The works generally ignore space and are characterized by strong foreshortening. The figures are often portrayed in profile and stand out against the dark, mostly flat backgrounds. This gives them the impression of being cut out.  The persons and animals in the compositions engage in disorganised actions and reactions. The compositions are full of absurd and grotesque elements and it is often difficult to make out what exactly is going on. The master’s raucous style appears to constitute some form of 'moral zoology'. The absurd characters are possibly intended to show the madness of the human condition, and the vanity and ridiculousness of life. - quote source



Artworks found at Sotheby's 

lunes, 6 de febrero de 2012

ESCUELA DE POLICIAS

Enésima comedia italiana sobre carabineros y aunque muchos de los “Exploitations” de “Loca academia de Policía” facturados en Italia, son más bien consecuencia del trato que se les dio a dichas películas en su distribución videográfica española (sin ir más lejos, “Otra Loca  academia de Policía” o en  su versión original, “I Carabineri” es bastante anterior a la que se explota), esta si que parece querer aprovecharse genuinamente del éxito mundial de “Loca academia de policía”, aunque también lanza montones de guiños a otras comedias americanas de la época. Y, por supuesto, el título Italiano “Carabinero si nasce”no es tan explícito como el que se le puso aquí; “Escuela de Policías”. Y el diseño del cartel, no dista en absoluto del de los carteles de la franquicia americana, por si algún alquilador despistado picaba, que ya lo creo que picaba-mos.
Nada nuevo bajo el sol. Se trata de una “Sexy Comedy” italiana al uso con un argumento mínimo que sirva de nexo de unión para lo que en realidad prima, que es  que desfilen por pantalla un buen número de gags, en esta ocasión, casi en su totalidad, más bien poco inspirados.
El argumento gira en torno a un grupo de enfermeras americanas y rusas que tendrán que pasar su estancia en la escuela de policías. Los integrantes de la misma, tendrán que  mantener la imagen de la escuela inmaculada, a la vez que deberán mantener impoluta la integridad de estas enfermeras (vamos, no follarselas), hasta que la cosa se irá complicando a la vez que somos testigos de las más absurdas situaciones.
Y el destete y el folleteo, al igual que en nuestro destape, cuanto más se acercaba la década de los noventa, mas descendía, quedando en este caso un destete un tanto estúpido y bastante light, pero gratuito hasta la prohibición que no aporta a la película ni tan siquiera su funcionalidad; es decir, que es un destape a destiempo a medio camino del propio destape.
Bastante ridícula en todos los aspectos, la película contiene innumerables gags a costa de “Rambo”, puesto que hay un personaje que está obsesionado con él y esto proporcionara los chistes menos afortunados. Claro que menos afortunada es la película, cuando con todo el descaro roba gags de otras películas, como en este caso, que cambiando el instituto por la escuela de policía, le roba a “Porky´s” la archiconocida escena de la ducha, en la que por un agujerito, los estudiantes espían a las muchachas. Aquí los policías espían a las anteriormente mentadas enfermeras. Patético.
Con un reparto compuesto de tropecientos secundarios a los que hemos visto mil veces en las comedias italianas, la dirección corre a cargo del artesano Mariano Laurenti, que si fuera churrero no lograría hacer tantos como películas hizo en los setenta y ochenta, siendo cosas como “La profesora y el último de la clase”, “Vicio de familia”o  la buscadísima por mí “La discoteca”, las más populares.
También es el responsable de esa cosa titulada “PierinoTorna a Scuola”.
Bueno, es comedia, es ligerita y como tal, se deja ir viendo sin problemas, pero la verdad es que, a rasgos generales, es de lo peorcito que la tierra de las Pizzas ha lanzado a los proyectores en cuando a comedia se refiere, sean estas sexys o no.

Breakdance

En cierto modo, la culpa de que la cultura Hip-Hop acabara de estallar en todo el mundo, la tienen estas películas ochenteras dedicadas al “Break Dance”. El cine siempre es el culpable de todo. Y yo que lo celebro. Así que en poco más de dos años, se llenaron las pantallas de películas que, dentro de su ficción, contaban historias acerca de miembros de ese colectivo que es el de los B. Boys. Por nombrar las más populares, solo entre 1984 y 1985 se estrenaron títulos como “Krush Groove”, mas al servicio de las emergentes  estrellas raperas que de la cultura Hip-Hop, “Tres Gordos y un millonario”, más de lo mismo pero explotando el tirón cómico de los Fat Boys en una comedia pura, sin el Hip-Hop como “Leif Motiv”, “Beat Street” la autentica obra maestra de las “Pelis de raperos” que además ahonda dentro de la cultura  Hip-Hop, y más que aprovecharse de la moda del “Break Dance” como hacían algunas de su coetáneas, lo que ofrecía era un retrato veraz de lo que ocurría en los barrios y en torno a estas disciplinas artísticas callejeras. Más oportunistas serían “Mensajeros a todo ritmo” con un Mario Van Peebles que después protagonizaría, la inédita en nuestras pantallas “Rappin´”, más centrada en el  rap que en el “Break Dance”, y que no tendrían el éxito que si tuvieron las que voy a pasar a reseñar en estos días; no sin antes mencionar, que si el carácter de estas películas que ahora reseñaré es meramente explotativo, más aún lo era la ridiculísima “Body Rock” (“Exploitation” directo de la que nos ocupa) al servicio de un Lorenzo Lamasque nada tenía que ver con el Hip-Hop –en las demás mencionadas, en mayor o menor medida, sus protagonistas si que tenían que ver con el tema- y que aprendió a bailar Break Dance de la peor manera. Era la estrella más popular de todas las películas de “Break”, no obstante, ni de lejos, la estrella venció a los verdaderos bailarines callejeros.
Pero, sin duda, las películas del sub-género más famosas –que no las mejores ¡ojo! Para mí, la mejor sería “Beat Street”, verdadera competidora en la taquilla de la que nos ocupa-, serían las que osó producir la entrañable Cannon.
En este caso “Breakdance”, “Breakin´” en su versión original, fue un éxito sin precedentes en todo el mundo, incluido nuestro país, en el que, al igual que en el resto del mundo, el Break Dance se instauró con fuerza (al menos mientras duró la moda, repito, durante el 84 y el 85).
Sabedores de esto Menahen Golan y Yoran Globus, y siendo muy listos, rápidamente produjeron una película que se centrara en  dicho baile, le colaron un argumento a lo “Flash Dance” que tira de espaldas, y ale, a recoger billetes a mansalva. Obviamente, el invento cuadró entre las juventudes de todo el planeta por lo que convirtieron 40 dólares en casi 40 millones.
Entonces, a nivel comercial, la cosa fue bien, pero la película no deja de ser un folletín melodramático y  musical, que nos muestra –e incluso reivindica- un movimiento y una cultura sobre la cual, ni productores, ni guionistas, ni director, tenían la más mínima idea de que iba. Algo deberían saber sus étnicos protagonistas Adolfo Quiñones y Michael Chambers, que eran bailarines que dominaban este estilo, pero muy probablemente, ajenos a lo que era el Hip-Hop. Y si no lo eran, no les dejaron asesorar ni lo más mínimo.
En cualquier caso, de todas las “Break Movies” es la que conectó con un público masivo.
La peli cuenta como una bailarina de corte clasicote conoce a dos macarras que bailan Break, y fascinada por los movimientos, se mete de lleno en ese mundillo. La diferencia de clases, el amor que surge y el concurso de baile en el que, debido al carácter marginal del estilo que practican, les cuesta horrores ser admitidos, ponen el resto, dejando que suene la –magnífica- banda sonora con temas de lo que, en nuestro desconocimiento, por aquel entonces llamábamos “música break”.
Es una pastelada, pero en el reciente visionado, a pesar del babosismo y la vergüenza ajena imperante, la nostalgia y el puro entretenimiento, así como elementos fardones de la época que a día de hoy se tornan ridículos, vencen a todo lo otro, y se queda en una cosa absolutamente vivaracha y entrañable. Y eso está muy bien.
Durante aquel año, 1984, un rapero de Los Angeles de apenas 26 años, luchaba por hacerse un hueco en el mundo de la música con sus maquetas; una de ellas les pareció adecuada a los señores Golan y Globus y contrataron al muchacho para que cantara sus raps en el escenario, mientras nuestros personajes Turbina, Ozono y Special Kelly, se baten en duelo de Break con sus rivales directos, los “Electro Rock”. Este muchacho era nada menos que Ice – T, y ahí le tenemos, debutando en los dos medios que luego serían su sustento habitual; el rap y el cine. Verle rapear sobre el escenario, con los brazos en jarra y diciendo frases tan impropias de él (recordemos que es uno de los más violentos –y brillantes- gangsta rappers de la historia) como “Hip-Hop is a way of life”, resulta del todo entrañable. La película entera resulta entrañable.
Además de Quiñones y Chambers, que luego harían papelillos sin mayor importancia en películas menores, como a la infiltrada en el asunto tenemos a Lucinda Dickey, por supuesto, bailarina profesional, que venía de debutar como bailarina de relleno en aquella mierda tan grande que fue “Grease 2” y a la cual contrataron los Golan Globus para que fuera la heroína de “Breakdance”. Tambaleantes por el éxito de la película, inmediatamente después la metieron en un film en el que lucirse como actriz, sin que el baile se interpusiera de por medio y protagonizó algo tan poco adecuado para esta actriz como “Ninja III: La dominación”, para pasar a hacer la secuela de “Breakdance”, “Breakdance 2: Electric Boogaloo” para, olvidada del todo, pasar a hacer un papel en “Animadoras Asesinas” y nunca más volver a pasear palmito por película alguna.
Christopher McDonalds (“Terminagolf”, “Thelma & Lousie”) sería el mecenas que apuesta todo al negro (nunca mejor dicho) con estos “Breakdancers”.
Dirige el cotarro Joel Silverg, que luego repetiría el experimento con “Rappin’” sin tanto éxito, y con “Lambada, fuego en el cuerpo”. Y es que cuando la Cannon se fue a la quiebra, tanto Golan como Globus, fundaron sus nuevas compañías por separado, siendo esta de “Lambada, fuego en el cuerpo”, producida por la de Globus, mientras que a su vez, Menahen Golan, produjo con la suya “Lambada, el baile prohibido”. Pero ya en los noventa, la gente picaba menos con este tipo de patrañas.
De la secuela, les hablaré dentro de, espero, no demasiado,